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El significado del “bien común”

Fundación Cariplo – Fundación Publicidad y Progreso más social en lo social
Estrategias e instrumentos para difundir el concepto de bien común
Milán, 26 de abril 2012
El significado del “bien común”

 Cardenal Angelo Scola
Arzobispo de Milán
traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire


El “bien común”: un valor que ya no es obvio
Sería del todo ilusorio pensar que sólo el recurso de la categoría de “bien común” pueda fungir hoy como punto de referencia para la edificación de la vida social. Basta reflexionar sobre el dato que esta categoría teórica es propia de una “ética sustantiva”, una ética que transmite, por lo tanto, una determinada concepción del bien humano. Éticas sustantivas no pueden de hecho ser puestas  a la base de sociedades pluralistas como aquellas actuales.
El significado de la categoría de “bien común” es en efecto muy problemática en la actual condición social pluralista que, con Maritain, podemos definir de babélisme: «La voz que cada uno profiere no es más que puro ruido para sus compañeros de viaje» (1). En este sentido podríamos decir que vivimos una crisis comunicativa. No logramos alcanzar una concepción universal del hombre como horizonte de un común acuerdo. En ausencia de este código, la pluralidad hace problema, y además el aumento y la aceleración de los flujos migratorios (proceso de mestizaje de la civilización) han decididamente cambiado el orden del mundo: los “diferentes” que somos nosotros se encuentran – queriendo o no – a deber proyectar una convivencia, sin poder contar ya con los grandes relatos del pasado, con aquellas potentes narraciones que sugerían d’emblée las coordenadas del bien común.
Parece que hoy ya no sea posible relatar de modo creíble la verdad acerca de la experiencia humana. Vivimos ya en la convicción más o menos explícita de que la razón humana sea un instrumento débil, incapaz de llevar a cabo la tarea de conocer la realidad y de establecer valores compartidos por todos.
Considerada la atmósfera que respiramos, se comprende cuánto se haya hecho difícil comunicar entre personas y sujetos asociados que tienen concepciones del mundo tan diferentes y contrastantes. No es un caso que las democracias estén hoy sobre todo en crisis. ¿Tenemos que resignarnos a este estado de cosas o es en cambio posible encontrar vías transitables para la recuperación del valor sustancial del “bien común” en vista de la edificación de una sociedad que haga posible la “vida buena?”   La dificultad de comunicar a este nivel constitutivo de la vida civil va considerada como un grave síntoma que no hay que subestimar, si queremos defender el espacio político de una convivencia democrática. Habermas siempre ha estado particularmente atento a este indicador: «La condición en que se encuentra una democracia se puede sólo verificar sintiendo el pulso de su espacio público político» (2).

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